En Mar del Plata, entre los dos lobos marinos que miran petrificados hacia el cielo, desde mediados de Enero y hasta aproximadamente Septiembre del 95, yo toqué con nada más ni nada menos que con el gran Samuel Jhonson, uno de los mejores guitarristas del Universo.
No me atrevo a decir que del mundo o de la Argentina, porque no tengo los parámetros técnicos como para juzgar eso. Sólo puedo decir que es uno de los mejores del Universo, ateniéndome al espacio y tiempo del Universo que yo pude vivir en forma directa.
Y además aquel viejo tocaba muy bien, no lo vamos a negar.
Es cierto que el sonido que teníamos era muy precario, y que los temas que tocábamos no permitían grandes despliegues de técnicas instrumentales.
Después de todo, no era ni rock sinfónico, ni jazz, ni fusión, así que no creo que la gente que escuchó aquella extraña agrupación playera, haya podido apreciar muy bien el virtuosismo del maestro.
Era más que nada folclore para que la gente bailara y dejara unos pesos, comprando el cassete que ahí se vendía. Así que aquello era palo y palo y a la bolsa.
Recuerdo que el tucumano (cantante e inventor de la banda, o del curro, digamos) mandaba un "adentro!" y empezaba a darle a una guitarra que sonaba como un rayador, con la cual hacía esas bases de chacareras, zambas y escondidos sobre las cuales comenzaban a sonar los punteos de don Samuel Johnson y que yo trataba de seguir con la percusión.
Era común en aquella banda, la ejecución (y nunca mejor dicha la palabra) de covers de Antonio Tormo, Horacio Guarany, de los Carabajal y de otros grandes cantautores argentinos, cuyos nombres ahora no me acuerdo.
Y de esto, ya van a ser 10 años! Pero la gran p. cómo pasa el tiempo! yo tenía 21 años, y ahora ya soy un venerable jovato de 31... lo mejor de todo, es que me siento el mismo gil que cuando tenía 21, o sea, creo que el paso de los años no me dejo ni un rastro de madurez. :)
En fin, volvamos al tema. Yo aparecí en Mar del Plata, porque por algunos problemas familiares tuve que huir de mi casa, resignando la bucólica y asegurada vida del típico soltero veinteañero de clase media baja, (ya en otro post abundaré en las causas, quizás), pero el asunto, es que tuve que largar todo, y siendo tan joven y tan alocado, se me ocurrió tratar de hacer algo en Mar del Plata.
Allí aparecí entonces, en la ciudad balnearia, con una mano atrás y la otra adelante, sin un mango. Luego de pasar por algunos laburos de volantero y vendedor de panchos, terminé un día escuchando a estos muchachos que hacían folclore.
Bueno, muchachos... Yo calculo que el que se vestía de gaucho (el tucumano) andaría por los 50 y largos, y el Maestro Samuel Jhonson seguro que por los 60 y monedas.
Y yo estaba en una situación un tanto complicada, digamos que el reparto de volantes lo había perdido por querer ir a vender panchos a la playa, cosa que resultó mal, y que ya me sonaban mucho las tripas por la falta de grasas y proteínas, así que tuve que reprimir mi timidez y mandarme a preguntar a ver si precisaban un percusionista.
Y así fue que empecé a tocar con esta gente.
Del gran maestro Samuel Jhonson, puedo decir, por ejemplo, que el tipo jamás había ido a ningún conservatorio ni nada. Vos le ponías un pentagrama y por ahí algo agarraba, pero era músico de oído.
Eso sí, era oriundo de la prolífica en musicos ciudad de Olavarría, supongo que esa ubicación geográfica habrá contribuido a su talento.
También puedo decir, que muchas veces, a las melodías, en vez de hacerlas punteando, las hacía tocando acordes en los lugares donde deberían ir notas.
Recuerdo que me dijo, que el nunca se dedicó en serio a la música, sino que siempre se dedicó a la herrería, y que se metió a tocar más, cuando ya se había jubilado de su profesión.
Y también me acuerdo, que renegaba bastante del jazz moderno, y que desconocía los avatares del mundo de la fusión o del jazz rock.
Eso sí, una vez, le regalé un casette de Robert Fripp, que era todo con guitarras acústicas, y el chabón quedó alucinado. Se lo regalé, supongo porque sería la única manera en la cual podría retribuir el honor de tocar con él, que se yó.
Pero cualquiera que haya escuchado tocar a Samuel se dará cuenta de que tocaba muy bien. Pero, estimados lectores, su verdadera habilidad radicaba en que tenía que acompañar al tucumano (o sea al que se vestía de gaucho).
Este muchacho, el tucumano, era un verdadero c. de risa. Todo bien con él, pero había que seguirlo, porque se equivocaba, daba vuelta los ritmos, aceleraba, se quedaba, pifiaba acordes... Y el maestro Samuel lo seguía como si fuera lo más natural del mundo. Digamos que cambiaba al vuelo las melodías para que coincidiera con la armonías inesperadas que salían de la guitarra del tucumano (inesperadas por pifiar las notas).
Digamos que el maestro tenía una especie de supercomputadora en la cabeza, que estaba siempre atenta a todas las posibilidades de error que pudieran surgir de nuestro cantante.
En fin, a medida que me vaya acordando más cosas, seguiré enriqueciendo este post.
Así, que bueno, quede entonces este post recordando a las generaciones venideras que existió una vez un guitarrista viejito en la rambla de mar de plata, cuyo nombre era Samuel Jhonson. (espero haberlo escrito bien)
Y saludos para todos aquellos que hayan compartido los hechos y anécdotas sucedidos en aquella encrucijada del tiempo y del espacio! (porque perdí contacto con todos)
Por: Gustavo | Música | aportaron (0) | Referencias (0) | se vió 449 veces